El lenguaje corporal que debes observar
Un perro con dolor puede adoptar una postura encorvada, mantener la cabeza baja, o mostrar una cola entre las patas. También puede jadear en exceso sin haber hecho ejercicio.
Presta atención a si evita apoyar una pata, cojea o se muestra reacio a subir escaleras o saltar al sillón.
Cambios en el comportamiento y el carácter
El dolor puede volver gruñón a un perro que siempre fue dócil, o apático a uno muy activo. Puede dejar de jugar, dormir más de lo normal o esconderse.
También pueden aparecer conductas como lamerse o morderse una zona concreta del cuerpo, o mostrar inquietud y dificultad para encontrar una posición cómoda.
Cambios en el apetito y la vocalización
La pérdida de apetito es frecuente, aunque algunos perros comen igual. Los gemidos, quejidos y aullidos, sobre todo al levantarse o al tocarlos, son señales claras de malestar.
Si tu perro gime al hacer sus necesidades o defeca fuera de lugar, puede haber dolor abdominal, urinario o articular de fondo.
Cuándo pedir ayuda veterinaria
Ante la duda, es mejor consultar. El dolor crónico afecta la calidad de vida de los perros y puede derivar en problemas de conducta.
En la atención a domicilio se evalúa al paciente en su entorno, con calma, y se decide el tratamiento más adecuado, desde analgésicos hasta fisioterapia.